20 de agosto de 2008

Otra vez


Una turbulencia, un movimiento no planeado. Un sentimiento que apesta. Mis ganas y las tuyas que, como siempre, van a destiempo. Necesidades no equilibradas, sensaciones encontradas. Ir y venir, no encontrarse. Espera.
Quizás los sentimientos no son explicados de la forma que deberían. Pero muchos de ellos no lograrían caber en términos, no podes expresar tal cual la ira ni la impotencia ni mucho menos la tristeza, en ese estado puro que sobrellevan algunas personas.
Damos un reflejo, un espejo… pero no mucho más.
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De vez en cuando tenemos ganas de salir corriendo, de irnos lejos. Ni siquiera de hacernos ‘cargo’ de alguna situación tan simple como levantarnos y afrontar un nuevo día. Y otras veces nos creemos capaces de enfrentarnos al mundo, teniendo en cuenta lo vulnerables que somos. Considerando también, que no dejamos de lado los valores que rigen para cada quien.
Creemos en la utopía de que huyendo de ese momento nos podremos alejar cada vez más y más de la situación que nos perturba, hasta creemos que dicha manera es la forma de concensuar con el problema que atravesamos. Pero no, no lo es. Es sólo una manera más de no querer madurar. Pero, ¿Por qué le encontramos un buen sabor al escabullimiento? ¿Será que no tenemos la voluntad ni destreza suficiente como para superar esas circunstancias que nos hacen temblar la existencia? No debería existir tal cobardía, no deberían existir los miedos, no debería existir el sentimiento de insuficiencia, de fracaso.
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Si bien es una realidad que la mayoría de las personas deciden huir antes que aceptar y transitar, también es otra realidad que hay personas que viven, de la manera que les sale, dichos momentos, llevándolos casi al extremo. Sufriéndolos, padeciéndolos, entero o a pedazos, pero van. Admiro, realmente lo hago, a toda persona que le ponga dos mil veces la otra mejilla cada vez que es golpeado, cada vez que escupen en su rostro, cada vez que se caen 10 y se levantan 11, cada vez que son decepcionados, cada vez que se sienten un fracaso, cada vez que no tienen lo que desean o quieren y sólo obtienen migajas de aquel sueño tejido. Todos podríamos ser así, pero muchos (y probablemente yo lo he hecho) deciden cerrarse y no intentar más. No mover más fichas, no mover más estantes y dejarlo todo olvidado. No sé si llamarlo abandono, yo lo llamaría miedo a padecer el mismo sentimiento. Miedo a no permitirse fallar. En una sola palabra: Autoexigencia. Esta misma que ponemos en práctica en cada aspecto de nuestra vida, donde sea posible. ¡Como si no hubiera suficiente presión ya! Pero siempre podemos deprimirnos por algo más (No podemos negar dicha actitud).
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Queremos sentirnos todopoderosos en lo que se pueda, pero no siempre los dados nos dan un seis. No siempre las situaciones nos favorecen. Y nos abocamos al “No hay mal que por bien no venga” Ó “Todo lo que no sucede tiene una razón” Ó “Es lo que tiene que pasarme, algo positivo hay”, No puedo afirmar que son “consuelo de tonto” dichas frases, hasta quizás sean ciertas, y en un futuro todo sea magnífico gracias a lo que atravesamos.

El desamor, podría explicarse con esta teoría. El no conocer a la persona “indicada” tendría un justificativo. Podríamos afirmar que conocemos las personas con las cuales no congeniamos para poder crecer y llegar “listos” a la cima. Pero lamentablemente siempre llegaremos con errores y será un continúo crecimiento, pero de a dos.

La injusticia, la soledad, la tristeza… todo lo que provoca no obtener lo que queremos.
Ojala las cosas fueran más fáciles, más suaves y menos hirientes. Pero son así: difíciles, crudas, inaceptables.


·Pruébalo otra vez, no te des por vencida. (Hasta quedarme en ti)

2 comentarios:

Natalia dijo...

no podia no comentar esta entrada,
escribis hermoso nena..

besitos,
nati =

Darth Capocha dijo...

AGUANTE CHARLIE 3!!!

me gusta el blog :D
besos lore

se t kiere